Un Esclavo Amante - Viterbo Trasgressiva

Un Esclavo Amante - Viterbo Trasgressiva

Soy un esclavo, sin nombre, sin personalidad, sin caracter, sin nada.


Soy una sombra, un ser bajo, sumiso, regazado, frágil, pero a la vez me considero afortunado, fuerte, grande, y valioso, sobre todo para ella, para mi ama, mi padrona, mi dominatrix por excelencia, la que amo, y a la que pertenezco en cuerpo y alma.


Desde que la encontré en el mundo del internet, recuerdo claramente aquella vez en que nos conocimos, me pudo mirar fijamente a los ojos y fue allí donde supo quien era yo, fue aquella vez en que su voz seria y fuerte, llena de autoridad total me sedujo y me redujo, sentí dentro de mí que había encontrado a mi dueña.


Como esclavo, estoy seguro que vine a este mundo con el propósito de hacerla feliz, de darle todo, de llenarla de placer, de ser paño, su papel, su tinta y su tintero.


Mi espalda sirve como ese block donde cada vez que me fustiga con su látigo, marca el amor y la pasión que siente por mi cuerpo, por mi piel y por mi alma.


Con ella no hay dolor, hay placer, y a la final, en medio de cada encuentro que tenemos todo eso se confunde, y encuentro mi verdadero equilibrio, ese punto en que no soy de nadie, nisiquiera de mí, soy todo de ella, su todo y su nada.


Cuando me ata, me indica que me ama y no me deja ir, me deja allí, amarrado, atado a su vida, y estoy claro que eso es un indicativo del placer que siente conmigo, porque me dice que nadie se porta tan fiel como yo, esas palabras son mi trofeo, mi valor, mi voluntad y mi mejor momento del día.


Me somete tanto que siento que soy su hombre mimado, que soy su cocinero, su obrero y ella es la reina.


Me maltrata y me reduce con palabras, pero se que todo eso es amor que hay dentro porque su esencia es el poder, un poder que nunca dejaría de lado, un poder que utiliza para alimentarme de todo aquello que busco en ella.


Le sirvo en todo lo que desea, sus caprichos, sus órdenes son canción a mis oidos, cada experiencia, cada juego, cada encierro no es tortura, no, es una demostración de que soy su capricho favorito.


Algo que me da cuando me porto bien, es un delicioso baño de lluvia dorada, caliente, con su perfume de mujer, el calor que emana dentro de ella, su líquido íntimo, me llena de su ser, al punto que lo saboreo y lo bebo como si fuese agua bendita, y esa agua me bendice y me reclama, calma mi ser y perdona mis pecados, aunque jamás la traicionaría, es única, es todo para mí.


Soy su esclavo, así es mi nombre, porque no tengo identidad, no soy nadie y no quiero serlo, solo quiero ser suyo, y solo quiero que ella sea siempre mi gran castigadora.

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